domingo, 10 de enero de 2016

Cuento sin nombre #1, por @UnTalHaas

Y ella encontró al amor, en la soledad circunstancial de una joven de 76 años, sentada en la mecedora de Guayacán que había adquirido años atrás en una ocasión que no recordaba. Veía al infinito, por la ventana, sintiendo la brisa del mar frente a ella mientras esperaba a la muerte.
Esperó, durante días, semanas, meses y quizás años, en ese entonces ya no lo recordaba, esperó a sus hijos y nietos que no volverían, esperó a su esposo que había fallecido treinta años antes.
Esperó algo de la vida, algo que nadie más sabía, una cosa, tal vez tan simple como una palabra, o tal vez tan compleja como la física cuántica y que incluso ella olvidaba a ratos.

Había encontrado al amor y no sabía como contarle a los fantasmas que la seguían desde que dejó de contactar al mundo, ni a las motas de polvo con las que iniciaban tertulias vespertinas en la cómoda soledad. Encontró al amor y se había olvidado por estar recordando cosas que a lo mejor nunca hizo en su corta vida.
Recordó el olor de las orquídeas de su patio cuando era niña, o el color amarillo de los Guayacanes en Febrero, recordó un millón de cosas en la quietud hambrienta de su habitación blanca como el vestido que llevaba. Se acordó de cosas y se olvidó que imaginó mil otras, pero al final, se acordó de que también era tarde para amar, pero no importaba, porque ese amor que sentía, era a la muerte que esperaba.

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