domingo, 27 de marzo de 2016

3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

fragmento del cuadro El Jardin de las Delicias del pintor El Bosco junto al título 3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

De acuerdo a la tradición cristiana, al morir Jesús en la cruz resucitó al tercer día. ¿Sabes que hizo en esos 3 días en los que su cuerpo estaba en la cripta que donó José de Arimatea? Bajó al infierno. En serio. Esta pudo ser la historia que no se cuenta ni en la Biblia ni en escritos apócrifos:

El infierno parece un bosque denso y frondoso que siempre tiene la iluminación del atardecer. Su cielo es como nuestro cielo antes de empezar una tormenta. Nunca llueve en el infierno, no por eso hace calor como nos han enseñado, pero nunca llueve. Su cielo es nuestro infierno, nuestro piso. El diablo no quiere nada que provenga desde su arriba, nuestro abajo.

Se abre un agujero en el cielo del infierno, aparece un haz de luz ¡boom! algo cae como un cometa en línea recta desde arriba. Cuando el polvo se disipa vemos a Jesús, sano, con su manto blanco, sus sandalias de cuero, su semblante humano. La principal característica de Jesús, el hijo de Dios, el dios entre nosotros, es la inmortalidad; por lo cual nunca tiene prisa, por lo cual nunca se enfada. En poco tiempo regresará al Cielo. Su paso por el infierno está en cuenta regresiva a la salvación eterna.

Lo vemos caminar 10, 20, 30 kilómetros en un desierto. Se acerca a unas formaciones rocosas como estalactitas que apuntan al cielo, su cielo, nuestro suelo. De pronto vemos que algunas rocas son seres, casi humanos, levemente deformes, como pintados por El Greco, totalmente blancos. Se esconden inmóviles, parece que Jesús los ciega, ellos cubren sus rostros contra la piedra. Jesús ingresa a los canales rocosos, conoce su camino. Mientras se detiene a admirar el paisaje salido del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco, uno de esos seres penitentes toca la punta de su sotana de Jesús y el primer evento sobrenatural desde su llegada sucede. Este ser empieza a temblar, sus ojos se tuercen y recobran el color humano, color café oscuro, su cuello mira hacia el cielo y de pronto se cae hacia arriba. No estás leyendo mal, algo la lanza al cielo, su cielo, nuestro suelo. Como ver al revés a alguien cayendo en una precipicio. Lo vemos desaparecer en el cielo, su cielo.

Ahora todos saben que Jesús está en el infierno. Su caminata constante dura 5 horas hasta que llega a este inmenso trono, un trono que no se ha visto en la más deslumbrante fantasía sacra del Renacimiento: oro, piedras preciosas. Todo Roma no lograría asemejarse al esplendor del trono del diablo, quien a su contraparte parece un tipo normal. No tiene barba, su ropa es sencilla, sin joyas, sin lujos. Igual que Jesús, a pesar de pertenecer a las más altas esferas del mundo celeste, se parecen a nosotros los humanos.

Jesús y el diablo se miran, este se mantiene de pie, junto a su trono mientras el hijo de Dios se va acercando, todas las criaturas semihumanas del infierno están pendientes del encuentro, algunos no pueden ni siquiera ver, sus pecados los mantienen ajenos a la situación. Cuando Jesús llega, lo abraza con sus ojos cerrados, su mano sostiene la parte trasera de la cabeza de Luzbel, este no se mueve, hierático parece estatua. Jesús está feliz, pone su cabeza sobre el hombro del diablo y en un suspiro le dice: Te hemos extrañado, hermano.

El diablo no se manifiesta, no dice nada, ahora no lo puede ver a sus ojos. Le dice que por gusto bajó. Jesús le dice que su padre siempre lo ha perdonado, que no debería escuchar esos sermones del castigo, que fue un momento confuso, una mala reacción, que siempre pudo regresar al Cielo, que pudieron arreglarlo. Sin verlo a los ojos le responde que él no es digno de ningún perdón, que mire a su alrededor todos los que prefieren vivir en el vacío, sin Dios. Que se retire, que el tiempo en el infierno pasa más rápido que en la realidad, que han pasado días. Que ya es hora que se acabe su visita. Que nada lo hará cambiar de parecer, su lugar es abajo, que su exilio es eterno, que su perdón no es posible que ni siquiera el Dios que todo lo puede podría perdonar una traición tan grande de parte de quien menos se lo hubiera imaginado. ¡Mírate! Le grita a Jesús, le tomó miles de años dejarte venir, yo tuve que huir. No hay perdón para el diablo.

Jesús lo mira sin cambiar la sonrisa, se da media vuelta y empieza a caminar, se detiene. De espaldas solo girando un poco su cabeza le dice: Ahora que volveré al Cielo, creo que te visitaré más seguido, creo que en tu corazón que vio nacer este mundo debe abundar el amor, la compasión, el perdón por todos. Nos vemos, hermano. Jesús desaparece en un haz de luz hacia el cielo, su cielo. Millones de criaturas miran al cielo, lo ven desaparecer, exhalan un suspiro colectivo y ¡boom! como lluvia del suelo al cielo, millones de criaturas vuelven de donde provinieron. El infierno ha quedado casi vacío. Ver la compasión de Jesús volvió a darle una esperanza de salvación a todos los seres que la perdieron, que se perdieron en el mundo.

El diablo sentado en su trono, enfadado, lanza un grito ensordecedor. Tendrá que esforzarse más si quiere ver su infierno lleno de nuevo.

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